Los almacenes de las tiendas de los 22 países que pusieron ayer en venta el iPhone de última generación estarán vacíos antes de que termine el fin de semana. Se esperaba una avalancha de ventas porque cada operadora que ha sido capaz de cerrar un acuerdo con Apple ha recibido señales claras de los clientes.
En el Reino Unido, a la filial de Telefónica O2 le solicitaron más reservas que teléfonos iba a tener en el momento del lanzamiento. A la propia Telefónica, que no quiso admitir esa fórmula visto lo ocurrido con su filial, le solicitaron información más de 200.000 usuarios, demanda que su stock inicial no podía atender. Por eso el teléfono no estuvo ayer disponible en sus 7.000 tiendas exclusivas. Sólo en 1.500.
Pero lo que no estaba previsto es que los cientos de miles de usuarios de todo el mundo dándose de alta en el programa iTunes de Apple provocarían una caída de horas de los servidores de la firma de la manzana, como comentan que ocurrió fuentes del sector.
Nada parece desalentar al creciente número de fanáticos de los productos Apple, muchos de los cuales deberán esperar semana tras semana el limitado pedido hasta conseguir hacerse con ese teléfono que, además, es un iPod de 8 o 16 Gigas de capacidad de almacenamiento, una cámara de fotos, un GPS, una pantalla de acceso a Internet, pero sobre todo, un distintivo social.
Esa larga fila que esperaba al iPhone
El compromiso de un gasto fijo entre 18 y 24 meses no frena a los fanáticos de Apple
Un neozelandés de 22 años fue ayer el primer habitante de la Tierra en hacerse con la última versión del teléfono móvil de Apple: el iPhone 3G.
Esperó para ello 60 horas soportando bajas temperaturas. En sus antípodas, en España, mientras él se aferraba ya a la caja de su tesoro, cientos de personas aguardaban a las puertas de 1.500 tiendas de Telefónica.
Y esto debe ser la globalización. Filas en Nueva Zelanda, en Hong Kong con su personal de seguridad armado para vigilar 500 teléfonos; 1.500 japoneses esperando a las puertas de una oficina en Tokio…
Y eso que en muchos casos, el nuevo iPhone obliga a comprometerse a un gasto fijo considerable. En España, Telefónica ha llevado la obligación de permanencia a dos años, lo que fue ayer motivo de crítica de asociaciones de consumidores. Su filial británica, O2, ha dejado dicho compromiso en 18 meses. La factura total por contratarlo con Telefónica, si se suma el compromiso de consumo de voz, datos y el coste inicial del teléfono, puede llegar a los 2.700 euros en esos dos años. Como mínimo se gastarán 800 euros.
Aunque Apple ha dicho que el de tercera generación es más rápido y más barato que el anterior, lo cierto es que los esquemas iniciales eran más económicos. En Estados Unidos, antes había que comprometerse a un gasto de 60 dólares mensuales (38 euros) que incluían un paquete de 200 mensajes gratis. Ya no se regalan mensajes y el gasto mínimo al mes es de 70 dólares. En Reino Unido, O2 empezó a vender el primer iPhone con un compromiso al mes de entre 50 y 79 euros que podían ser de voz con hasta 500 mensajes gratis. Ahora no se regalan mensajes y el gasto mínimo es entre 56 y 94 euros.
De la primera versión se han vendido seis millones de dispositivos en seis países. De ésta se esperan vender 10 millones este año en 22 países.
“Hace 65 años, lloré al entrar en Gran Vía 28″
“Cuando llamaban a Franco era el disloque, todas intentábamos escuchar la conversación”
María del Carmen Victoria Fidalgo también traspasó con 20 años el umbral del número 28 de la Gran Vía. No iba a por un iPhone. “No sé lo que es”, dice con franqueza. Si sintió emoción fue porque iba a buscar trabajo. Han pasado desde aquel día más de 70 años, cinco hijos y cinco nietos por sus ojos castaños y su hablar pausado. Esta semana ha visto por la televisión que el que fue edificio más alto de Europa, copia de la arquitectura estadounidense de los años 20 y su lugar de trabajo, es hoy “algo moderno que han hecho”. Cuando se le explica que ha pasado a ser la mayor tienda de Telefónica sólo contesta: “Una tienda, fíjate”.
Esperar conferencia
Lo que recuerda de la primera vez que estuvo en el edificio es que lloró cuando una “vigilanta” empezó a hacer preguntas en una sala llena de aspirantes a operadoras. “La que sabía las respuestas entraba. Me puse muy nerviosa y como no acertaba algunas, empecé a llorar. Preguntaron si sabía idiomas. Yo dije que tenía conocimientos de francés pero que no era lo mismo conocerlo que saberlo”. Al final, “entré por el practicante, que era amigo de la mili de mi novio, y por mi padre, que conocía al presidente de Telefónica”. También recuerda que les daban café en el descanso, la bata del uniforme y a los serenos que las acompañaban por la calle cuando tenían turno de noche.
No se compraban muchos teléfonos entonces. “Pusieron una tienda de teléfonos en Arapiles. Era un matrimonio joven. La tienda fracasó. Llamaba la atención, entraba gente, pero no compraban”. Tampoco había muchas llamadas. Las operadoras sabían quién hablaba en cada momento. “Cuando llamaban a Franco, eso era el disloque. Todo el mundo venga a ver si oía la conversación, hasta que la vigilanta nos dejaba incomunicadas”.
Entonces no se esperaba por un teléfono. Sí para lograr una conferencia. Hasta tres horas. “Yo hacía trampa. Cuando llamaba Juanito, el botones de la sucursal de Madrid de la Compañía de Riegos de Levante, de la que era jefe mi padre, yo le ponía la conferencia con Alicante en seguida y le decía: ya la tienes Juanito. Él se asustaba porque no sabía cómo podía saber que era él”. En 1948, María del Carmen tuvo que dejar la Telefónica. “Me tuve que dar de baja porque me casaba y Franco no permitía trabajar allí a mujeres casadas”.
Via www.publico.es
Publicado en Noticias Fecha:julio 12th, 2008
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